Comienza hoy tu camino hacia el bienestar emocional

CUIDAR SIN DEJAR DE CUIDARTE

Cuidar de nuestros seres queridos puede ser una experiencia significativa y satisfactoria: nos permite acompañar, estar presentes y actuar de acuerdo con lo que es importante para nosotros. Otras veces es una responsabilidad que ha llegado a nuestra vida sin haberla elegido. Sean cuales sean los motivos por los que cuidamos, hay algo que no cambia: cuidar no es fácil, y puede ser agotador.

A veces empiezas haciendo “lo que toca” y, casi sin darte cuenta, tu vida empieza a girar al rededor de citas médicas, tareas, medicación, llamadas, preocupaciones y necesidades de la otra persona; mientras las tuyas quedan en segundo plano.

Puede que empieces a sentir cansancio, irritabilidad, tristeza, preocupación o dificultad para desconectar. Quizá te cueste encontrar tiempo para ti o aparezca la culpa cuando intentas descansar. Y puede que, incluso cuando estás agotado/a, sientas que deberías hacer más, estar más pendiente o esforzarte un poco más.

Como si descansar fuera desatender. Como si reconocer tus límites significara no estar haciendo lo suficiente.

Y algo importante: sentirte así no significa que quieras menos a la persona que cuidas. La realidad es que CUIDARTE PUEDE SIGNIFICAR CUIDAR MEJOR.

Atender nuestras propias necesidades nos permite disponer de más recursos para afrontar el día a día, relacionarnos con la persona que cuidamos con mayor paciencia, presencia y cariño, y también tratarnos a nosotros mismos con mayor comprensión.

Por eso, antes de seguir, te proponemos hacer una pequeña pausa y preguntarte: ¿Cómo me estoy cuidando mientras cuido? Haz este test de cuidadores con el que podrás identificar.


5 TIPS PARA PROTEGER TU BIENESTAR MIENTRAS CUIDAS

1. Reconoce la sobrecarga antes de llegar al límite

Dormir peor, sentirte agotado/a de forma persistente, estar más irritable, tener dificultades para concentrarte o haber dejado de hacer casi todo lo que disfrutabas pueden ser señales de que necesitas revisar cómo estás y qué apoyos tienes disponibles.

A veces normalizamos el cansancio porque pensamos que forma parte de cuidar. Seguimos adelante, nos adaptamos y posponemos nuestras necesidades hasta que el malestar se vuelve difícil de sostener.

Pero no necesitas llegar al límite para pedir ayuda.

Presta atención a las señales que te indican que algo necesita cambiar. Quizá necesites descansar más, repartir responsabilidades, recuperar algún espacio personal o hablar con un profesional.

Tus necesidades también importan, aunque ahora mismo la persona a la que cuidas necesite mucha atención.

2. Cambia el “tengo que…” por “¿qué necesito?”

«Tengo que poder yo solo/a”

“Tengo que ser fuerte”

“Tengo que llegar a todo”

Son ejemplos de la lista interminable de “tengo que” que pueden ocupar nuestro día a día. Pero… ¿qué necesitas en este momento? A veces la respuesta será descansar; otras, pedir ayuda, salir de casa, llorar, hablar con alguien, poner un límite o simplemente reconocer: “Hoy no puedo con todo”. Y está bien.

3. Valida lo que estás sintiendo

Cuidar de alguien a quien quieres es una de las situaciones más difíciles que podemos vivir, y es normal que aparezca el cansancio, la irritabilidad, la tristeza, la sensación de estar desbordados o incluso la culpa por necesitar un descanso.

A veces tendemos a invalidar lo que sentimos porque pensamos:
“Ya descansaré cuando la situación mejore”
“¿Cómo me voy a quejar yo si quien está enfermo es mi familiar?”
“No tengo derecho a estar así, hay personas que están peor”
“Tengo que ser fuerte”

Pero el malestar no necesita compararse para ser válido. Puedes querer profundamente a la persona que cuidas y, al mismo tiempo, sentirte agotado, frustrado o triste por la situación que estás viviendo.

Poner nombre a lo que nos pasa puede ayudarnos a entender mejor cómo estamos y qué necesitamos.

4. Centra tu atención en el presente inmediato y lo que sí puedes controlar

Hay muchas cosas que, como cuidadores, no podemos controlar: cómo se encuentra la persona que cuidamos, sus decisiones, el tiempo que durará esta situación o los recursos económicos y de apoyo de los que disponemos.

Lo que sí podemos trabajar es cómo nos relacionamos con lo que estamos viviendo y cómo gestionamos nuestras emociones: ¿qué puedes hacer ahora mismo para estar mejor?.

Algunos ejemplos de ello:

GESTIÓN AUTOEXIGENTEGESTIÓN AUTOCOMPASIVA
Culpa«Debería tener más paciencia»
«Si me organizara mejor…»
«Tengo que estar más pendiente»
«Hago lo que puedo, no soy perfecta. No es fácil estar al cuidado de otra persona, y menos si es alguien a quien quieres»
Tristeza«No tengo tiempo para estar mal, ya me encargaré de mi cuando pueda»
«Debo ser fuerte para la otra persona»
«Yo también tengo derecho a estar mal, puedo cuidarme a la vez que cuido»
Límites«No puedo dedicarme tiempo a mi en esta situación, sería muy egoísta»
«No debo quejarme de como me trata, bastante tiene con su situación de salud»
«Cuidarme no es ser egoísta, en cualquier caso sería egoísta conmigo misma el no hacerlo»
«Que la otra persona esté mal no le da derecho a tratarme así, voy a ver cómo puedo protegerme»

La autocompasión no consiste en resignarte ni en convencerte de que todo está bien. Consiste en reconocer la dificultad de lo que estás viviendo y responder a ella con comprensión, sin añadir más sufrimiento a través de la culpa o la exigencia constante.

5. Cuida tu espacio individual

Cuando cuidar se convierte en una tarea cotidiana, es fácil que nuestras propias necesidades vayan quedando al final de la lista: dormir menos, comer deprisa, dejar de hacer planes sociales, olvidarnos de lo que nos gusta o pensar que “ya habrá tiempo” para nosotros.

Eres cuidador pero también te mereces tener vida y disfrutar de ella.

No siempre será posible recuperar todo el tiempo que tenías antes. Por eso, empieza por algo pequeño y realista: una llamada a una amistad, unos minutos para leer, un paseo, escuchar música o retomar una actividad que echas de menos.

Y si necesitas más tiempo del que puedes conseguir por tu cuenta, quizá sea el momento de explorar cómo repartir las tareas, pedir ayuda a tu entorno o recurrir a recursos de apoyo para personas cuidadoras.

No tienes que hacerlo todo tú. Pedir ayuda también es una forma de cuidar.

¿CÓMO EMPIEZO A CUIDARME?

Empieza por los básicos:

  • Mantén tus vínculos sociales. Sigue en contacto, en la medida de lo posible, con las personas importantes para ti.
  • Cuida tu alimentación. Intenta mantener comidas regulares y nutritivas.
  • Prioriza el descanso. Descansar es una necesidad. La falta de sueño puede aumentar la irritabilidad y disminuir la paciencia. Si te cuesta conciliar el sueño o mantenerlo, busca ayuda profesional para gestionar las emociones y pensamientos que te impiden el descanso.
  • Realiza actividad física de forma regular. Caminar, estirarte o moverte un rato también cuenta, no es necesario que la actividad física sea intensa, simplemente necesitas mantenerte activa.
  • Cuida de tu salud. No dejes tus propias revisiones y necesidades de salud siempre para después. Pide las citas que tengas pendientes (médicos, fisioterapia, dentista, psicólogo…) y priorízalas por encima de todo. No puedes cuidar si no estás bien.

Para ayudarte a llevarlo a cabo día a día, te dejamos un plantilla de autocuidado que puedes utilizar para hacer una pequeña pausa y revisar cómo estás y qué necesitas.

Y recuerda: el autocuidado no tiene que ser perfecto. No se trata de añadir otra lista de obligaciones, sino de empezar a preguntarte qué necesitas y qué puedes hacer por ti dentro de tus posibilidades.

RECORDATORIOS

  • Tú también eres alguien que merece cuidados.
  • Es imposible que lo hagas siempre bien.
  • Puedes querer muchísimo a alguien y, al mismo tiempo, estar harta, cansada y saturada.
  • Puedes necesitar ayuda y seguir siendo una persona muy fuerte.
  • Lo estás haciendo mucho mejor de lo que crees.
  • El autocuidado empieza por un diálogo interno amable y compasivo. Háblate como te gustaría que lo hicieran las personas del entorno.
  • Pide ayuda si la necesitas.

Alba Monedero

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